Vino Añejo Por Eliseo Irving Torres Moreno. El sol salió y la luz se hace notar a través de la ventana color sepia que divide el exterior con el interior de la habitación, donde un hombre de mediana estatura y complexión robusta con tantos pliegues en la piel, como gotas de lluvia en una tarde de verano, yace plácidamente en su cama. Esa mañana tenía algo de especial porque el reloj no se había atrasado como de costumbre; pues el viejo artefacto le afectaba, no servía para ver la hora ya que el polvo y las telarañas hacían una capa irrompible e invisible, pero esto era parte de la decoración de la casa. El pequeño despertador, por fin, rompió el silencio con su estruendoso sonido: ¡ring! ¡ring! ... Las cortinas pesadas de sus párpados se abren, se lastiman las pupilas de sus ojos cansados, y con movimientos circulares de sus manos intenta buscar los anteojos, finalmente los encuentra entre los mares de sábanas y cobertores, se los coloca como vitrinas ante sus ojos, se sienta al borde de la cama sosteniendo el reloj y dice: _ ¡Malaya!, la vida del reloj llegó a su fin, no dio las 12 campanadas que marcan la hora. ¡Desdichado reloj ya no sirves! El hombre vocifera y sin pensarlo lo lanza contra la pared, se coloca las pantuflas y sale de la habitación para emprender su marcha a través del polvoriento pasillo cubierto con una alfombra mal colocada y boronas de diferentes alimentos que son la ruta hacia las escaleras. Al bajar los escalones rechinan y sueltan una lluvia mezclada entre polvo y polilla que se esparce por todo el salón; mientras camina se le oye decir : mañana limpio. El descenso finaliza de un piso a otro, el recorrido prosigue por la pista de obstáculos : primero entre libros viejos, después en saltar la mancha de salsa, prosigue al correr en zigzag entre chocolates, inclinarse y bajar la cabeza por la lámpara rota que pende del techo para finalizar con un resbalón al toparse con Steve: ¡Plaf! -Todo lo que cae sube. El pobre Steve levemente se mueve, se estira y saca la lengua en señal de hambre; aunque ahora es muy lento, dicen que en sus tiempos fue audaz, veloz y el más fiel de todos los de la ciudad , porque recibió premios que aún se conservan:¡Claro!, todos guardados y abandonados en una caja al fondo del sótano. El hombre le observa detenidamente y sin preámbulos, sabiendo lo que quiere, se inclina para sacar de la alacena una lata de comida que abre y deposita dentro del tazón. Con actitud triste y cansada la lengua toca la montaña de alimento, empieza a ingerir la comida, pero una cadena y correa al cuello le impiden terminar su acción y ser arrastrado por el suelo para dar un paseo, al cual se resiste y se resigna. _ ¡Vamos, Steve! _ dice el hombrecillo_ estás viejo y gordo, necesitas salir un momento. De esta manera de jalón en jalón llegan hasta una de las bancas de un parque en donde se sitúan para observar a unos pequeños que juegan en la fuente. _ ¡Qué será de mi destino!, ¿ sabes Steve?, recuerdo que hace algún tiempo mi pequeño nieto se acercaba y me preguntaba: _ ¿Cómo te llamas abuelo? _ Vino Añejo. _Qué nombre tan raro, ¿por qué te pusieron así? _ Porque así soy, fui hecho del esfuerzo y dedicación de mis padres como tú lo eres, fueron tiempos prósperos y la cosecha daba buenos frutos, pero lo que no se consume se queda y con el tiempo su color y sabor van cambiando: yo como tú y tú como yo, esto es la vida. _ No entendí nada, abuelo. Sonreía y se iba a jugar alrededor de casa. Vino Añejo suspira, voltea a ver a su mascota y le dice en tono muy bajo: _ ¿Sabes? , uno no se cansa de tantas cosas, pero cuando se es mayor y se saben todas las respuestas de la vida nadie se detiene a preguntar . Es como ese carro oscuro y viejo que tengo en la casa en donde pasé buenos momentos sentado al volante; pero al paso de los años las telarañas formaron parte de su nueva tapicería y hoy se convirtió en un estorbo. El hombre con una gran tristeza reflejada en su rostro recordó las palabras que uno de sus hijos le dijera: _ Papá mi casa es pequeña, tú estás grande y necesitas de muchos cuidados: ¿ por qué no te vas a la casa de mi hermano? , él tiene más espacio y forma de atenderte. _ De esta manera fui de hijo en hijo y de hogar en hogar; me sentía como una pelota que pasa de mano en mano sin que ellos se den cuenta si me hieren o me hacen daño, para que al final, me compraran una casa vieja que se cae a pedazos. Aún recuerdo textualmente lo que dijo mi nieto: mira papi, la casa está como mi abuelito . Ahora... no sé de ellos. El viento comenzó a correr más fuerte y observó como el aire agitaba las ramas de los árboles, lo cual le hizo reflexionar y decir entre dientes : _ ¿ Qué pasó con aquellos días cuando las marcas de los años aparecían en las paredes y no en mi piel? Cada vez se me hace más difícil levantarme, caminar , hablar, pensar y ver el mundo a través de estos gruesos cristales ¡Esto no es vida¡ o al menos no la mía. La tarde comenzó a nublarse y a extender su manto oscuro, mientras tanto, Vino Añejo y Steve emprenden su viaje de regreso. En la casa, Steve, haciendo un círculo se coloca y se duerme, Vino Añejo sube con cuidado la escalera y cuando ya está arriba, observa desde su ventana el ocaso de color naranja-rojizo que se prolonga allá en el horizonte . Una sonrisa tenue se dibuja en su rostro y dice: _ ¡No!, este aún no es mi ocaso, es el final de la luz del día, el sol, simplemente se oculta y ya mañana amanecerá. Diciendo esto, se acuesta en su cama, cierra los ojos y se queda profundamente dormido. FIN
Carmen en rosas El primer rayo de sol que acaricia la tierra se aprecia por la imagen que deja en las rosas del jardín de Carmen. Sus flores, magnifico colorido de pétalos y aroma, son el fruto de años de esfuerzo y estudio de jardinería. Es admirable por su trabajo y poco se conoce de ella. Es trágica, sensible, sutil y hermosa como sus flores, se pasa horas cuidando el tamaño y la proporción exacta de cada flor, es su mundo y no lo abandona. Ese día fue diferente porque al observar su jardín multicolor algo la perturbó. Si, era una rosa como todas las que había plantado, pero ésta tenía una gran diferencia: su color negro. Después de meditar la situación durante un tiempo decidió acercarse y preguntar el por qué de su tono oscuro: - Me pareces algo inusual que entre las plantas Jóvenes de este jardín, seas la única que no se parece con la Familia de rosas que tengo. Eres la única de color negro y quisiera saber a qué se debe tu matiz sombrío. - Soy como todas las demás rosas_ dijo_ las negras también existen. Mi apariencia no expresa que sea mortífera, pero como cualquier otra planta muero. Lo que no entiendo es por qué nos das tu Lealtad a todas nosotras. ¿Acaso es la única forma de sentirte amada y que sientas Felicidad? - ¡Claro que no!_responde Carmen con tono molesto y tajante_ es sólo un pasatiempo, no por eso voy a sembrar mis Sentimientos en la tierra, esperando a que sus raíces me devuelvan la Bondad y el cuidado que les he dado. - Si lo que dices es cierto por qué tu jardín manifiesta lo contrario _ preguntó la rosa_. Quizás sientas que se destroza tu corazón cuando el cruel invierno nos azota y nos marchitamos junto con el Amor que nos diste. - Pero de qué hablas _ preguntó Carmen_ no sólo son rosas, también hay Árboles y arbustos en la entrada de mi casa. - La rosa contradice a Carmen_ te aseguro que ni siquiera has visto la puerta de tu casa, tan olvidada y destruida como tú. No esclareces la adversidad que tienes al tratar de alcanzar tus Metas y lo único que has logrado es crear tu propio Universo de seres vivos y llamativos que en cantidad te hacen sentir que no hace falta nada. Eres como un insecto que se refugia detrás de las hojas. - No sé de qué me hablas, pero... no me refugio detrás de nada. No salgo porque... porque... ¡porque no quiero!, esto es un Pueblo, no hay a dónde ir, no es como las grandes Ciudades que se ven en la televisión. - Intenta salir del espacio que creaste, porque cuando llegue el invierno tú también te marchitarás como nosotras. - ¡No me pasará nada y déjame en paz!_ diciendo esto, Carmen lanza sus aperos de jardinería y entra a su casa azotando la puerta tras ella. Pasaron días, tal vez meses sin que Carmen visitara su jardín. Repentinamente, uno de los inviernos más crueles arrasó con toda su floresta sin dejar nada, sólo un pétalo de rosa negra que le recordó la conversación y antes de caer al suelo lanzó un suspiro para morir en paz. Carmen sin decir nada, salió corriendo a la calle para descubrir un nuevo mundo. Por: Eliseo Irving Torres Moreno
Atrapado Un silencio inunda el lugar donde me encuentro, no puedo ver nada, la oscuridad es infinita, la temperatura aumenta. Ese calor, es tan agobiante, tan profundo, siento como poco a poco me sofoca. No me muevo, el lugar es muy pequeño; no sé qué hacer, no quiero gritar, pero me desespera esto. Las paredes me aprisionan ...¡ quiero salir de aquí!, ¡quiero irme de este lugar!, alejarme de todo esto. Ya no siento tanto calor... creo que puedo romper mi muralla, creo que puedo escapar. Un poco más, con más fuerza... ¡sí!, lo logré, puedo ver la luz del otro lado. Finalmente pude salir de ahí... y con sorpresa observo a mi madre sollozando; lo que me provoca decirle desde el fondo de mi alma... ¡Pío! ELISEO IRVING TORRES MORENO
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